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La independencia del Poder Judicial

La Ley Islámica, a través de los textos sagrados y sus principios básicos, prohíbe que los oficiales de gobierno influyan o interfieran de modo alguno en las decisiones de la corte. La Ley Islámica, en sus principios generales y estatutos particulares, busca lograr su objetivo principal: establecer justicia sobre la base del monoteísmo.

 El monoteísmo no son sólo palabras. Se practica por medio de acciones que verifican la profesión de la fe. Estas acciones deben incluir el cumplimiento de los mandamientos de Dios y la prevención de lo que Dios ha prohibido. Ésta es una responsabilidad colectiva de la sociedad musulmana. Requiere que los mandamientos y las prohibiciones de Dios se apliquen como parámetros de verdad y justicia. Todo lo que Dios haya ordenado es verdad, y justicia y todo lo que Él haya prohibido es falsedad y opresión. Consecuentemente, prohibir lo que Dios ha prohibido es verdad y justicia.

Hay muchos versículos en el Corán que ordenan la justicia y prohíben la opresión. Dios dice:

“Dios ordena ser equitativo, hacer el bien y ayudar a los parientes cercanos. Y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así os exhorta para que reflexionéis”. (Corán 16:90)

Y dice:

¡Oh, creyentes! Sed firmes con [los preceptos de] Dios, dad testimonio con equidad, y que el rencor no os conduzca a obrar injustamente. Sed justos, porque de esta forma estaréis más cerca de ser piadosos. Y temed a Dios; Dios está bien informado de lo que hacéis”. (Corán 5:8)

También dice:

“…y si juzgas entre ellos, hazlo con equidad. Dios ama a los justos”. (Corán 5:42)

De igual manera, Dios dice:

“…Quienes no juzgan conforme a lo que Dios ha revelado, esos son los incrédulos”. (Corán 5:44)

En el hadiz, el Mensajero de Dios relata:

“Dios dice: ‘Oh, mis siervos, me he prohibido la opresión y la injusticia y la he prohibido entre ustedes; por lo tanto, no se opriman los unos a los otros”. (Sahih Muslim)

Estos son sólo algunos de los textos sagrados que muestran la naturaleza obligatoria del acto de juzgar con justicia y según lo que Dios ha revelado. Éste es un mandamiento general, que se aplica del mismo modo al que gobierna como al que es gobernado. El poder político en el Islam está ligado a la Ley de Dios. No hay obediencia al gobierno si hacerlo requiere desobediencia a la Ley de Dios. Ésta es la manera en la que nuestros piadosos antecesores actuaron sobre la Ley Islámica. Los líderes políticos son sólo designados para los asuntos de estado. El verdadero gobernante es Dios. El Califa o líder no es más que un musulmán, igual a los demás. Los musulmanes son quienes lo eligen para ocupar el cargo de autoridad. Ellos pueden monitorear sus actividades. Él debe consultar con ellos. Si viola la Ley Islámica y actúa en contra del bienestar de la gente, ellos pueden destituirlo de su cargo.

En el pasado, los líderes políticos del estado musulmán entendieron que esta justicia es la base para gobernar en el Islam.

Amr b. al-As dijo: “No hay liderazgo político si no hay población, y que no hay población si no hay recursos para cuidar a esa población, y que no hay recursos si no hay una civilización prospera que los genere”.

El Califa[1] Umar b. Abdulaziz escribió a uno de sus funcionarios que buscaba fortificar su ciudad: "La fortificación llega con la justicia y por medio de la eliminación de la opresión de sus calles".

Said b. Suwayd dijo en una de sus discursos en la ciudad de Homs: “Oh pueblo, el Islam tiene un muro impenetrable con una entrada segura. Su muro es la verdad y su entrada la justicia. El Islam permanecerá inviolable siempre y cuando la autoridad política sea severa. Esta severidad no significa látigos ni espadas, sino juzgar con la verdad y aplicando justicia”.



Footnotes:

[1] Califa: De la palabra en árabe Jalifah, o Sucesor. Un término utilizado para denotar a un líder de la nación musulmana.