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Emigración del Profeta Muhammad e inicio del Calendario Lunar Islámico Hiyri

Un Viaje Que Hizo Historia

Vivian en la ciudad de Yazrib dos tribus árabes, los Aus y los Jazray, así como una minoría judía que se había asentado para practicar el comercio.

 

Cuando estos judíos se discutían con los árabes de Aus y Jazray les decían: “aparecerá un Profeta de la descendencia de Ismael, pues ya llego su tiempo, nosotros creeremos en él y los combatiremos a ustedes por su idolatría, su descripción esta en nuestro Torá: es de estatura media, acepta regalos pero no come de las limosnas, tiene el sello de la profecía entre sus hombros…

La comunidad judía se esforzaba por provocar disputas entre Aus y Jazray alimentando la enemistad entre ambos hasta que llegaron a confrontarse  de hecho y se dieron entre ellos varias guerras y la disputa se fue heredando de una generación a otra.

A los diez años de la revelación (620 EC) llegó un grupo de los Aus a La Meca pidiendo el apoyo de Quraish contra los Jazray. El mensajero de Dios se contactó con los Aus y les dijo: “¿les indico algo mejor que el asunto que los trajo?” Dijeron: “claro que si”.

Entonces él les enseñó su profecía y les predicó el Islam, les recitó algo del Corán y les afectó mucho lo que oyeron. Luego regresaron a Medina.

Después de algunos meses vino de Yazrib por la época de la peregrinación un grupo de seis hombres de los Aus: Sa`d bin Zurara, `Auf bin Al Hárez, `Uqba bin `Amer, Ráfe` bin Málek, Yáber bin Abdallah y Abu Zaid bin `Amer.

El mensajero de Dios se reunió con ellos en Mina[1] y les explicó que fue enviado por Dios y les invitó a la fe; luego les recitó algo del sagrado Corán y ellos quedaron muy impresionados. Uno de los presentes dijo a sus compañeros: “¿Saben? Por Dios que este es el Profeta que se prometían los judíos así que no dejemos que nos ganen a llegar con él”.

El grupo anunció su islamización frente al Profeta y retornaron a Yazrib siendo los primeros musulmanes de esta ciudad.

EL PRIMER JURAMENTO DE AL `AQABA

En la siguiente temporada de peregrinaje, después de un año entero, vino de Yazrib a La Meca un grupo de diez hombres de los Aus y dos de los Jazray y se reunieron con el mensajero de Dios en Mina.

En esta ocasión anunciaron su Islam y su apoyo al Profeta jurándole fidelidad de no asociar iguales a Dios, no robar, no ser adúlteros, de no matar a sus hijos, de no inventar calumnias y de no desobedecer a Dios ni a Su mensajero. Este juramento se pasó a llamar: “el primer juramento de Al `Aqaba” porque se realizó en el obelisco de Al `Aqaba en Mina.

Cuando este grupo volvió a Yazrib se esforzó en divulgar el Islam en la ciudad hasta que los musulmanes estaban en todas las familias y casas de Yazrib. Con esto terminaron las rencillas y las tribus de Aus y Jazray se hermanaron bajo el estandarte del Islam que los unió.

SEGUNDO JURAMENTO DE AL `AQABA

El siguiente peregrinaje, que coincide con el año 622 E.C., llego a La Meca un grupo de setenta hombres y dos mujeres de los Aus y Jazray para reunirse con el mensajero de Dios para anunciarle su disposición de protegerlo en caso que emigrase a ellos.

El mensajero de Dios los citó a una reunión secreta junto al obelisco de Al `Aqaba. Después de un tiempo llegó el mensajero de Dios con su tío Al `Abbás quien aún no era musulmán pero vino a proteger a su sobrino y comprobar la veracidad de los que se comprometieron a protegerle.

Durante la reunión, el Profeta explicó las bases del Islam hasta que dijo: “les tomo el juramento a condición que me protejan como pretejerían a sus padres, esposas e hijos”. El mayor entre los del grupo de Yazrib (Al Barrá bin Ma`rur) se adelantó y dijo: “si, mensajero de Dios, por el que te mandó con la verdad como Profeta, te protegeremos de lo que protegeríamos a nuestras propias personas. Toma nuestro juramento mensajero de Dios que somos gente de guerra”.

Luego dijo Al Haizam bin Al Tihán: “¿y podría ocurrir que si nosotros cumplimos y luego te hace victorioso Dios, que tu vuelvas a tu pueblo y nos abandones?”. El mensajero de Dios sonrió y dijo: “como que la sangre es sangre yo soy de ustedes y ustedes son de mi”. Luego se completó el juramento sobre esa base.

Luego el grupo pidió al mensajero de Dios que mande con ellos a alguien que les instruya en la fe y él envió a Amru bin Umm Maktum y a Mus`ab bin ‘Umair.

La reunión terminó así como empezó, pero unos días después Quraish supo de este juramento y se esforzó por capturar a los asistentes hasta que capturaron a dos. Uno de ellos huyo y el otro, Sa´d bin ‘Ubada, quedó prisionero de sus torturas hasta que Yubair bin Mut´im intercedió por el y fue liberado.

LA EMIGRACION A MEDINA: LA HEGIRA

El Profeta ordenó a su gente emigrar a Yazrib, que de allí en adelante pasó a llamarse Al Madina Al Munawwara (la ciudad iluminada), para conservar su fe. A pesar que Quraish prohibió a los musulmanes emigrar y empezó a castigar a los que lo intentaban; la mayoría de los musulmanes lograron escapar abandonando sus casas y bienes atrás.

QURAISH DECIDE MATAR AL PROFETA

Los idólatras vieron como los musulmanes fueron huyendo hasta Medina y que esta ciudad empezaba a cobijar la naciente civilización musulmana. Esto les provocó el temor que Muhammad también vaya a Medina y decidieron reunirse en la “casa del consejo”.

Nadie faltó a la reunión entre los señores y los notables de Quraish. Se consultaron qué podían hacer con Muhammad antes de que se les escape de sus manos. Algunos opinaban que se debía apresar a Muhammad y encadenarlo; otros decían que se debía exiliar a Muhammad fuera de La Meca.

Finalmente se llegó a la conclusión de tomar a un joven fuerte de cada tribu para que entre todos maten a Muhammad con sus espadas el mismo tiempo.

Así pensaban que se repartirían la responsabilidad entre todas las tribus y los Banu Hashim no podrían luchar contra todas las tribus para cobrarse la deuda de sangre por la muerte de Muhammad. En la misma reunión se eligió a los muchachos que cometerían el crimen y les instruyeron que seria la noche siguiente.

Gabriel le llevó la revelación al mensajero de Dios sobre el plan de Quraish y sobre la orden de Dios de emigrar a Medina.

El Profeta se fue a casa de su amigo Abu Bakr para informarle del mandato divino de emigrar. Abu Bakr dijo entonces: “permíteme hacerte compañía mensajero de Dios”. Se pusieron de acuerdo y prepararon dos monturas para emigrar juntos con la condición que salgan esa misma noche.

Profeta volvió a su casa para prepararse. Sin embargo los jóvenes de las tribus armados rodearon la casa para ejecutar su crimen.

El Profeta estaba aún atrapado dentro de la casa y ya había pasado parte de la noche y los homicidas velaban fuera de la casa. Entonces el Profeta mandó a Ali hijo de Abu Talib, que se acueste en su lecho y él salio de la casa recitando las palabras de Dios: Y pusimos ante ellos una barrera, y otra detrás, y les cubrimos con un velo, y no pueden ver [la Verdad].[2] Esto hizo que los jóvenes emboscándole se duerman y él pasó entre ellos y hasta les hecho tierra encima, luego se dirigió a casa de Abu Bakr.[3]

De allí partieron ambos de noche y se ocultaron en la cueva “zaur” cerca de La Meca. Allí habían acordado encontrarse con un pastor que les llevaría las monturas a la cueva después de tres días iniciar desde allí el viaje a Medina.

Cuando los jóvenes emboscados despertaron de su sueño y miraron dentro del cuarto del mensajero de Dios por un lado de la puerta y vieron a Ali en la cama del Profeta pensaron que era Muhammad.

Cuando entraron y quisieron matarlo se dieron cuenta que era Ali bin Abu Talib y le preguntaron dónde estaba Muhammad. El respondió que no sabia sino que él salio y le dejó las encomiendas que depositaba la gente con él para que las devuelva.

Tras que se extendió la noticia de la salida de Muhammad de La Meca Quraish quedó atónita y se esforzaron en darle alcance.

Fueron a preguntar por él a la casa de Abu Bakr y Asmá, hija de Abu Bakr, les dijo que no sabía. La golpearon hasta hacerle sangrar y aun así la pequeña se mantuvo firme en no decirles sabiendo ella bien sobre el paradero y el escondite del mensajero de Dios y de su padre en la cueva, pues ellos le habían encomendado que les lleve todos los días provisiones y agua que ella llevaba ocultos en su cinto que había rasgado en dos.

Por esto fue que después fue llamada “la de los dos cintos”.

Quraish contrató los servicios de expertos rastreadores que siguieron las huellas en la arena paso a paso hasta que llegaron a la boca de la cueva donde se escondía el Profeta con su amigo. Allí el rastreador dijo que ambos se ocultaban dentro de la cueva.

Pero, sorprendentemente una araña había tejido su red en la entrada de la cueva obstruyendo la vista del interior y hasta se dice que una paloma puso su nido y sus huevos también en la entrada de manera que la cueva parecía que en años no la había penetrado nadie.

Por eso los Quraishíes desmintieron al rastreador. Algunos le dijeron “¿Cómo es que Muhammad esta allí dentro y la telaraña se ve que esta desde hace mucho tiempo en la entrada?”

El mensajero de Dios y su compañero oían este diálogo desde el interior de la cueva. Abu Bakr estaba muy preocupado y dijo: “¡por Dios! mensajero de Dios; cualquiera de ellos que mirase en dirección de sus pies nos vería. El mensajero de Dios lo tranquilizaba y le decía: ¿Qué opinas de dos cuyo tercero es Dios? No te entristezcas, ciertamente que Dios está con nosotros.

Así que los persecutores se fueron y Dios salvó a Su mensajero. Pero Quraish extremó esfuerzos para dar con el mensajero y su compañero; pusieron una recompensa para quien los capture o los mate.

La gente quiso, pues, ganarse la recompensa. Uno de ellos; Suráqa bin Málek se dio cuenta de cual fue el camino que habían tomado hacia Medina y los persiguió hasta darles alcance.

Abu Bakr lo vio a lo lejos y dijo; “¡mensajero de Dios! ¡Es Suráqa que nos persigue!” Entonces el Profeta pidió a Dios que lo salve y le dijo a Abu Bakr que no lo mire.

Entonces; las patas del camello de Suráqa se hundieron en la arena y este cayó al suelo. Cuando quiso perseguirlo nuevamente se hundieron nuevamente las patas del camello hasta que Suráqa comprendió que Dios protegía así a Su Profeta.

Suráqa empezó a gritar entonces: “¡Muhammad! Yo se que lo que me sucedió es por tu plegaria. Pide a Dios por mi y les juro que no los delataré”. Luego les ofreció algo de provisiones, pero el Profeta le dijo: “no necesitamos pero cubre nuestro rastro”.

Así es como Suráqa volvió a La Meca para ocultar su encuentro con el mensajero de Dios.

EN LA TIENDA DE UMM MA`BAD

El mensajero de Dios avanzó cruzando el árido desierto hacia Medina. En el camino pasó por dos carpas de Umm Ma`bad de los Juza`a y les pidió que les regalen leche. Ella dijo: no podemos. El Profeta vio entonces una oveja triste y pidió permiso para ordeñarla. Umm Ma`bad le dijo que aún ordeñándola no sería suficiente su leche.

El Profeta frotó la ubre de la oveja flaca y dijo: Bismil-lah (en el nombre de Dios). Entonces; se llenaron las ubres de leche y el Profeta la ordeñó para que todos beban. Los viajeros siguieron su camino y cuando Abu Ma´bad (esposo de Umm Ma´bad) volvió a su carpa por la noche, se sorprendió de encontrar leche.

Umm Ma´bad le contó la historia y le dijo: “pasó por aquí un hombre bendito, de evidente luminosidad, buenos modales, distinguido, de cabello bien negro…Al callarse le rodeaba un aura solemne y al hablar tenía porte”… Abu Ma´bad dijo: “parece ser la persona que Quraish persigue”.

LLEGADA DEL PROFETA A MEDINA

Cuando se extendió la noticia de la salida del Profeta hacia Medina los musulmanes esperaban ansiosamente su llegada todos los días. Salían a los montes circundantes y volvían a la ciudad hasta que el Profeta llegó a Medina el día lunes 12 de Rabí I que corresponde al año 623 EC[4].

El primero en verlo fue un judío que gritó con toda fuerza “¡ya llegó su compañero! ¡Aquí esta el descendiente de su abuelo (Ismael) al que esperaban!” Los ansaríes (ansar) tomaron sus armas para recibir el mensajero de Dios. Alababan a Dios y gritaban de alegría.

La ciudad se vistió con expresiones de alegría. La calma cubría al Profeta pues Dios es su protector y Gabriel y los creyentes piadosos y los ángeles.

Los gritos de alegría celebrando su llegada se extendieron colmando todos los extremos de la ciudad y sus barrios y colmando los corazones de los creyentes.

La caravana en la que llegó el Profeta era mínima, dos jinetes. Un grupo muy pequeño en apariencia, pero con el más notable objetivo que cambiaría el mundo.

Había llegado el Profeta Muhammad, líder de los musulmanes, a Medina con toda humildad y se sentó al lado de su compañero Abu Bakr.

No lo distinguía prenda alguna ni asiento especial. Muchos saludaban primero a Abu Bakr pensando que era el Profeta hasta que Abu Bakr se puso de pie para dar sombra a Muhammad y así se dieron cuenta todos de su identidad.

LA MEZQUITA DE QUBA

El Profeta descendió de su montura en las casas de ´Amru bin ´Auf en el barrio de Qubá que dista dos kilómetros del centro de Medina. Allí se quedó algunos días y rezaba en un lugar que los ansar [5] habían elegido como mezquita y fue aprobado por el Profeta. Se dice que el Profeta puso algunas piedras alrededor del oratorio y así quedó reconocida como la primera mezquita del Islam. Existen muchos hadices auténticos sobre sus virtudes.

EN CASA DE ABU AYUB AL ANSARI

El mensajero de Dios salió de Qubá hacia el centro de Medina un día viernes y pasó por las casas de los Bani Sálim. Allí dirigió a la gente en el rezo del Yumuá en la parte baja del valle; luego los musulmanes construyeron allí una mezquita que sigue hasta hoy.

Luego de esto; el Profeta montó su camella y prosiguió su camino hacia el centro de Medina rodeado por los Bani Al Nayyar y por los ansaríes, cada uno de los cuales rebasaba en anhelo y esperanza de que el mensajero de Dios se aloje en su casa y consiga así el honor de hospedarle.

Todos le invitaban a su casa y tomaban las riendas de su camella. El Profeta les decía: “déjenla a ella que tiene su mandato”. La camella se dirigió a las casa de los Banu Al Nayyar[6]; allí le recibió Abu Ayub Al Ansan y le hospedó, por ser el dueño de la casa. Allí se reunieron alrededor del Profeta los Banu AL Nayyar, los Aus, los Jazrray y los emigrados de La Meca y rezaban donde le llegaba el horario del rezo al Profeta.

Después de un tiempo se decidió construir una mezquita principal que seria llamada después la “mezquita del Profeta”.

La emigración del Profeta es una de las ocasiones más importantes del Islam, pues fruto de ella fue la fundación del estado islámico en Medina. Además; todos los primeros musulmanes consensuaron que el año de la Hégira sea el inicio del calendario musulmán.