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Los Socialdarwinistas Mienten Cuando Dicen que “el Ser Humano es Una Especie de Animal”.

Los Socialdarwinistas Mienten Cuando Dicen que  “el Ser Humano es Una Especie de Animal”.

Los engañados por la conjetura anticientífica e incierta entrecomillada en el subtítulo, argumentan que todos nuestros atributos  son un legado de los llamados “ancestros animales”. Aceptar tal cosa tiene efectos muy negativos. 

 Si nos consideramos criaturas irracionales, la vida e ideas de cada uno resultan irrelevantes para los demás porque, en definitiva, los animales evolucionan a través del conflicto y la competencia descarnada.

Es decir, quedarían totalmente a un lado el amor, la consideración y el respeto entre los individuos. Esto hace que sea muy importante que los engañados por el darwinismo no ignoren el pesado coste que ello cfonlleva. 

Dice George Gaylord Simpson acerca de la manera en que el darwinismo considera a los seres humanos:

En el mundo de Darwin el ser humano no tiene ningún estatus especial y sólo se trata de un tipo de animal diferente a otros. No se distingue en nada de las demás cosas de la naturaleza. Está emparentado, no figurativamente sino literalmente, con todo lo viviente, sea una ameba, una lombriz solitaria (tenia), una pulga, un alga marina, aunque los grados de relación sean distintos168.

Sin embargo, lo dicho es, repito, anticientífico, inexacto e ilógico. Unos y otros somos entidades creadas por Dios, esencialmente distintas. Nosotros poseemos juicio y razón, en tanto que los demás organismos actúan guiados por el instinto. Quien dice que somos un tipo de animal, busca aplicar la llamada ley de la jungla a nuestras relaciones sociales. Cuando eso sucede, es que nos vemos conducidos a un caos terrible que arrasa con la paz y el bienestar.

Darwin plantea lo antes dicho en una carta al preguntarse si las ideas de los seres humanos tendrían algún valor, debido a que son el producto de la evolución animal:

Siempre se me presenta la horrible duda acerca de si las convicciones de la mente humana, que provienen por evolución de la mente de animales inferiores, tienen algún valor o son de confiar totalmente. ¿Alguien confiaría en las creencias de un simio, si es que cree en algo? 169.

Las palabras transcriptas resumen nítidamente los conceptos terroríficos de los evolucionistas respecto a nuestra especie, conceptos que impregnaron gran parte del mundo occidental. Hoy día, en muchos países e incluso en los libros de texto, se propaga la idea de que somos animales. Por ejemplo, en Biología: Cómo se Ve la Vida, publicado en 1994, se dice:

 Usted es un animal y comparte la misma herencia con las lombrices y los dinosaurios, las mariposas y las estrellas de mar170.

Benjamín Wiker, disertante universitario en temas de ciencia y teología y autor de La Moral Darwinista: Cómo Nos Volvimos Hedonistas, nos manifiesta que después de Darwin se produjo un cambio muy notable en lo que se pensaba del ser humano. Y describe cómo se expandió el error de considerar que somos iguales a los animales, ignorándose las diferencias

:…la mayoría, sino toda la moral “tradicional”, se basa en la suposición de que los seres humanos son una especie distinta. Es así que la prohibición de asesinar se define en términos de naturaleza humana. ¡No asesines! ¿No asesines qué?; ¿pulgones?, ¿osos hormigueros?, ¿orangutanes? No, no mates a otro ser humano inocente. Pero con el darwinismo las diferencias entre lo humano y lo animal quedan completamente empañadas. Ya no hay una línea moral a seguir porque se ha borrado la línea que separa a las especies.

Darwinistas como Richard Dawkins y Peter Singer comprenden esto perfectamente… Una vez que nos consideramos un animal más en el espectro evolutivo, debemos afirmar que nuestra moral se aplica a todo lo viviente o negar que tenga algún fundamento. Los darwinistas, por lo general, hacen una mezcla incoherente de ambas posiciones. Tratan a algunos animales como si tuviesen el estatus moral de los humanos, y a éstos, en ciertos sentidos, como si fuesen un animal más. Por una parte, hablan de los derechos del animal. Pero por otra, afirman que a los seres humanos achacosos, ancianos o deformes se les debería tener la misma compasión que a nuestras mascotas171.

Como vemos, una de las razones principales por la que los evolucionistas buscan retratar al ser humano como una especie zoológica, es su deseo de erradicar todos los valores morales. Si fuese así, hasta el propio concepto de moralidad carecería de importancia totalmente y el daño que eso significaría para la sociedad sería realmente inconmensurable. Por lo tanto, hay que estar con la guardia en alto frente a todos los engaños y tejes y manejes de los materialistas

.Con el planteo de que animales y humanos son similares en términos físicos y biológicos, los darwinistas buscan también, entre otras cosas, imponer la idea de que sus comportamientos no difieren, con lo cual se vería como “normal” formas de proceder indeseables que involucrasen violencia, agresión, egoísmo, competencia inmisericorde, abusos y aberraciones sexuales. Es decir, se aceptaría que son todas cosas que heredamos de nuestros “antecesores”. Escribe el científico evolucionista Philip Jackson Darlington:

El primer punto es que heredamos el egoísmo y la violencia de nuestros más remotos antepasados animales. Por lo tanto, la agresividad es natural en el ser humano, es un producto de la evolución172.

Si se acepta ésto, todo tipo de crimen resultaría algo natural y justificable, al extremo que hasta se puede plantear que el criminal no debería ser castigado. Stephen Jay Gould dice en Después de Darwin que esta forma de pensar se origina con el experto italiano en criminología, profesor Cesare Lombroso:

Prácticamente, no existen nuevas teorías biológicas respecto a la criminalidad. Pero Lombroso (el médico italiano Cesare Lombroso) produjo un argumento y giro evolucionista original. (Según éste), los nacidos criminales no son trastornados o depravados, sino que, literalmente, tienen la calidad de atávicos, corresponden a una etapa evolutiva previa.

Es decir, las distinciones de nuestros ancestros simiescos primitivos permanecen en nuestro repertorio genético. Algunos individuos desafortunados nacen con una cantidad inusual de esas claves de origen remoto. El comportamiento de los criminales, que hoy día llevan el estigma de “homicidas”, hubiese sido el normal en las sociedades salvajes del pasado. Podemos compadecernos del nacido asesino porque no se puede ayudar a sí mismo… 173.

Evidentemente, para Lombroso, en el análisis de Gould, el homicidio se considera algo más allá del libre albedrío, parte de lo que un ser humano hereda de sus supuestos ancestros animales. Pero esto es algo irreal. Dios nos creó a todos los seres racionales con un egoísmo que nos impele constantemente hacia el mal, pero también con una conciencia que nos protege, que nos aleja del mal y nos insta al bien:

 ¡Por el alma y Quien le ha dado forma armoniosa, instruyéndole sobre su propensión al pecado y su temor de Dios! ¡Bienaventurado quien la purifique! ¡Decepcionado, empero, quien la corrompa! (Corán, 91:7-10). 

En otras palabras, todos somos concientes de lo bueno y lo malo que hacemos. Y así como por las buenas acciones recibimos los premios más apropiados, también hay un castigo inevitable para el que actúa con perversidad. La teoría de la evolución, al justificar todos los tipos de crímenes y corrupciones, lleva a la gente a desastres terribles, tanto en este mundo como en el otro.

A diferencia de los animales, nosotros poseemos un alma insuflada por el Altísimo, la capacidad de razonar, el libre albedrío, la conciencia, el sentido común, la aptitud para diferenciar lo bueno de lo malo. Somos capaces de tomar decisiones y emitir juicios, dar sanciones y premios, aprender a través de la experiencia, ser probados por Dios. Estas características no se encuentran en otros seres vivos, ya que no se deben a estructuras físicas ni a nuestros genes, sino que son atributos de nuestra alma.

 Después de reconocer y comprender esta verdad debemos llevar una vida honorable, en armonía con la buena conciencia.