El darwines y el colapso moral

El darwines y el colapso moral

 La degeneración moral aumenta constantemente. Los comportamientos que eran desaprobados, escarnecidos, prohibidos o condenados unas pocas generaciones atrás,  hoy día se volvieron aceptables e incluso ampliamente practicados. Esto es algo muy relevante que a la mayoría de la gente le pasa desapercibido. 

 

Las formas de vida y de actuar, antes inmorales, hoy día son aceptadas argumentándose “libertad de elección”, como sucede, por ejemplo, con la homosexualidad. La agresión en la sociedad, el aumento del fraude, el engaño en la pareja matrimonial, los divorcios cada vez más numerosos, la expansión del consumo de alcohol y otras drogas así como la adicción a las mismas, la escalada en la práctica delictiva ―robo, secuestro, etc.―, el asesinato sin escrúpulo, el acrecentamiento de la taza de criminalidad, la falta de respeto, las habladurías, son algunas de las formas a través de las cuales se manifiesta la degeneración. Esta situación, que prevalece en especial en occidente, exhibe claramente los peligros que entraña.

En la raíz de todo esto yace el desconocimiento del objetivo de nuestra existencia: existimos para conocer a Dios, nuestro Creador. En el versículo que dice, …aquéllos cuyos corazones se tranquilicen con el recuerdo de Dios… (Corán, 13:28), el Todopoderoso revela que la paz que el pueblo anhela es encontrada en un solo lugar. Pero, desgraciadamente, no se la busca donde corresponde, es decir, en Su Palabra, sino en cualquier otro lado: es la moral religiosa, que El nos comunica y determina un tipo de vida, la que nos permite hallar la paz y la felicidad en este mundo. Ignorarla nos lleva a lo contrario, es decir, a la infelicidad, la desesperación y la depresión.

La causa principal de la corrupción moral que nos invade es la ideología darwinista, pues no define al ser humano como un servidor de Dios sino como un animal egoísta que existe por casualidad. Según este supuesto anticientífico, que considera que la vida es lucha, que los seres humanos deben ser absolutamente brutales y que deben combatir con dientes y uñas unos contra otros, no debería esperarse que las personas se guíen por  criterios o leyes distintos a los que rigen para los animales.

Eso significa un total desprecio por los valores morales. Phillip E. Johnson, profesor emérito (jubilado) en la Universidad de California (Berkeley), escribe en su libro La Derrota del Darwinismo, sobre los efectos negativos que aparecieron en la sociedad a partir del decenio de 1960, como producto del debilitamiento de la creencia religiosa y el acrecentamiento de una visión materialista del mundo:

Sería bastante general, pero para nada inexacto, decir que el decenio de 1960 marcó la Segunda Declaración de la Independencia… de Dios (es decir, el extrañamiento de Dios por parte de algunos grupos de la nación). Era muy dable esperar que la misma tuviese consecuencias morales y legales. Y así sucedió159.

El biólogo molecular Michael Denton dice que es imposible analizar los problemas que acaecieron en el siglo XX sin tener en cuenta el darwinismo:

El siglo XX sería incomprensible sin la revolución darwinista. Los acontecimientos políticos y sociales acontecidos en el mundo durante los últimos ochenta años habrían sido imposibles de no existir una ratificación intelectual de dicha revolución. Resulta una ironía recordar que fue la expansión de la perspectiva secular durante el siglo XIX lo que facilitó, en principio, la aceptación del evolucionismo, en tanto que hoy día, posiblemente, sea la visión darwinista de la naturaleza, más que ninguna otra, la responsable del agnosticismo y escepticismo del siglo XX. Lo que en su momento fue una inferencia del materialismo, actualmente se ha convertido en su fundamento160.

En este punto resulta apropiado examinar los antojos darwinistas que prepararon la plataforma para este colapso y degeneración moral.

El Darwinismo Constituye la Base del Ateismo

Una de las razones primarias por la que los círculos materialistas apoyan el darwinismo con una determinación tan virulenta, es por su arista atea.

El ateísmo es algo muy antiguo. Pero con el darwinismo sus adherentes imaginaron que por fin encontraron una respuesta al interrogante de cómo pasó a existir lo viviente, algo que les había resultado imposible durante años. Barruntaron que la existencia del universo no apunta a ningún objetivo determinado y que el orden y el equilibrio naturales surgieron como resultado de coincidencias. Sin embargo, esos y otros puntos de vista semejantes, colapsaron frente a los avances políticos, sociales y científicos ocurridos en el siglo XX. Análisis y descubrimientos en muchas disciplinas, desde la astronomía a la biología, desde la psicología a la ética social, echaron por tierra, totalmente, las tesis evolucionistas y las presunciones ateas.

Son muchos los evolucionistas y materialistas que admiten que el darwinismo finaliza, inevitablemente, en el ateísmo. Thomas Huxley fue el primero en expresarlo abiertamente al decir que la creencia generalizada en la teoría de la evolución haría imposible la fe religiosa.

William Provine, evolucionista y profesor de Historia en la Universidad Cornell (EE. UU.), manifiesta que la visión del mundo de quien acepta la teoría de la evolución está en completa discordia con la religiosa161.

Charles Smith, ex presidente de la Asociación Norteamericana para la Promoción del Ateísmo, también admite lo mismo al decir “la evolución es ateísmo”162.

Phillip Johnson describe la importancia de la teoría de la evolución para las tendencias intelectuales ateas, incompatibles con los valores morales religiosos:

El triunfo del darwinismo implica (la negación) de Dios y prepara el escenario para reemplazar la religión bíblica por una nueva fe basada  en el materialismo evolucionista, la que sería el fundamento no sólo de la ciencia sino también de los gobiernos, de las leyes y de la moral. Se trataría del establecimiento… de la filosofía de la modernidad163.
Como dice Johnson, muchos científicos con una fe ciega en el darwinismo y el materialismo, tienen como objetivo usar la ciencia para rechazar a Dios. Pero la realidad es que la misma resulta el medio más valioso para revelar Su presencia. En los últimos veinte años ha crecido rápidamente la cantidad de estudiosos que respaldan el hecho de la creación. Cada nueva investigación y cada nueva información nos muestran que existe un equilibrio extraordinariamente sensible y sin tacha en todo el universo, que revela el trabajo de una Inteligencia superlativa en todos los planos, es decir, de Dios Todopoderoso, el Exaltado, Quien no necesita nada.

Michael Denton expresa que el darwinismo porta el ateísmo desde su mismo inicio y que provoca un gran daño a la humanidad cuando ésta lo toma como marco obligado de sus juicios y opiniones:

…la visión nueva y revolucionaria (de Darwin) respecto a la existencia (al mismo tiempo irracional y anticientífica)… implicó la creencia en que todas las formas de vida en la Tierra son el resultado de un proceso natural azaroso, en vez de como se creía antes, el producto de la actividad creadora de Dios. La aceptación de semejante conjetura… pasaba a jugar un papel decisivo en la secularización de la sociedad occidental… A eso se debió que su impacto fuese tan radical: la teoría de Darwin quebró el vínculo del hombre con Dios y puso al ser humano a la deriva en un cosmos sin un propósito u objetivo. Ninguna revolución intelectual en los tiempos modernos… afectó tan profundamente la manera en que las personas empezaron a evaluarse a sí mismas y su lugar o situación en el universo164.

La pérdida o debilitamiento de la creencia en Dios condujo a la sociedad al  colapso espiritual. La desaparición del respeto a El, la negación de la vida eterna después de la muerte y la refutación de la existencia de una recompensa, con el Paraíso o con el Infierno, en el otro mundo, según lo que se hizo en éste, puede convertir a los individuos en agresivos, extremadamente quiméricos, brutales, egoístas y propensos a comportamientos peligrosos y criminales. Quien no cree en Dios carece de todo límite. Quien considera que nada lo puede afectar, comete todo tipo de inmoralidad, provoca en la sociedad todo tipo de desorganización, engaña y perjudica a otros e impulsa a copiar su forma de ser.

En cambio, el amor y el temor reverencial a Dios, aseguran una vida pautada por los valores morales y con comportamientos que encuentran Su aprobación. Esta forma de proceder permite el progreso y el fortalecimiento de una sociedad. De lo contrario, las guerras, las brutalidades y las injusticias no finalizarán nunca. Dios exige la bondad, la justicia, la honestidad y el orden:

 Y a los madianitas (enviamos) su hermano Suayb. Dijo:
“¡Pueblo! ¡Servid a Dios! No tenéis a otro dios que a El. Os ha venido, de vuestro Señor, una prueba. ¡Dad la medida y el peso justos, no defraudéis a los hombres en sus bienes! ¡No corrompáis en la tierra después de reformada! Eso es mejor para vosotros, si es que sois creyentes (Corán, 7:85).

 No acechéis en cada vía a quienes creen en El, amenazándoles y desviándoles del camino de Dios, deseando que sea tortuoso. Y recordad, cuando erais pocos y El os multiplicó. ¡Y mirad cómo terminaron los corruptores! (Corán, 7:86).