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El Error de Aplicar las Leyes de la Naturaleza a los Seres Humanos

El Error de Aplicar las Leyes de la Naturaleza  a los Seres Humanos

 Cuando Darwin propuso su teoría, la ciencia aún estaba en pañales en muchos aspectos. Todavía no se había inventado el microscopio electrónico, razón por la cual la célula era percibida como una mancha y nadie sabía que poseía una estructura constituida por muchas organelas de distintos tipos, no menos compleja que la de una ciudad moderna.

 

 Es decir, no era posible ver detalles diminutos de los organismos vivos. Tampoco existía la genética, pues las leyes de la herencia aún no se habían descubierto.

 

El desconocimiento era de tal grado, que muchos, incluido Darwin, creían que las “características adquiridas” podían pasarse de una generación a las siguientes. Por ejemplo, admitían que si un herrero desarrollaba músculos poderosos debido a su oficio, los podría transmitir a sus hijos.

Darwin lanzó su teoría en el marco de esa creencia. Pero ni él ni sus sostenedores podían proporcionar pruebas en respaldo de la misma en el campo de la paleontología, de la biología o de la anatomía.

 En cambio, las observaciones y los experimentos llevados a cabo en años posteriores y especialmente los hallazgos realizados en el siglo XX, revelaron que la hipótesis era claramente errónea.

 A pesar de eso, fue adoptada inmediatamente por una parte del mundo científico debido a que proveía el “fundamento” a los criterios materialistas y ateos.Ciertos círculos empezaron a aplicar la teoría de la evolución a la esfera social, en función de las implicancias ideológicas que encerraba, consideradas favorables a su forma de pensar.

Se convirtió en la raíz nutriente de grandes desastres del siglo XX, como ser, genocidios, asesinatos en masa, guerras civiles que llevaron a que hermanos se maten entre sí y guerras mundiales que arruinaron naciones enteras. Sus seguidores abandonaron los valores y las virtudes de la moral religiosa y se asieron a la ley de la jungla en la que los más débiles son oprimidos y eliminados. Esta teoría, desprovista de toda validez científica, influyó (e influye) a lo largo de más de un siglo.

Uno de los más grandes errores de los socialdarwinistas fue intentar implementar la teoría de la evolución. También se equivocaron al asumir que las leyes, supuestamente aplicables a los animales, valdrían para los seres humanos, a quienes Dios ha creado con conciencia y capacidad de razonar, conjeturar y emitir juicios.

 Es decir, contrariamente a lo que sostiene el socialdarwinismo, nosotros tenemos capacidades y parámetros con los que no cuentan los animales.

 Además, después de morir seremos resucitados para rendir cuentas de nuestros comportamientos mientras vivimos.Por otra parte, los humanos poseemos los medios para modificar en cierto grado nuestro entorno en lo que hace a temperatura en nuestras viviendas, protección del cuerpo con determinados elementos, etc., en concordancia con las necesidades y los deseos que albergamos, a diferencia de los animales que sólo pueden adaptarse al medio o, en caso extremo, extinguirse.

 Por ejemplo, los conejos de pelo oscuro en un bosque nevado se transforman en presa fácil de un zorro.

 Y, contrariamente a lo que nos quieren hacer creer los darwinistas, no pueden generar crías de pelo claro, lo cual hace peligrar la continuidad de la especie. Además, entre los seres humanos no existe la selección natural porque nuestras capacidades y razonamiento lo evitan.

Los socialdarwinistas, al contemplar nuestras sociedades desde una perspectiva inhumana, piensan que el progreso dependería de dejar librado a su suerte al débil, al necesitado, al discapacitado, al corto de entendimiento, como forma de liberarlo del “lastre” que lo frena. Pero no es así la cosa.

El darwinismo desprecia, por algunas de sus capacidades, a personas en general calificadas para pensar y razonar e incluso sentir cólera y odio por quienes les inflingen diversos tratos crueles y/o injustos, a menos que posean las virtudes de la paciencia, el perdón y la comprensión, suministradas por la moral religiosa.

 Algunos, para mitigar la exasperación que los invade, pueden recurrir a la violencia, pero ésta llevaría, a su vez, a conflictos mayores y al caos. En consecuencia,  en vez de progreso social tendremos, debido a las carencias en lo material y en lo espiritual, una decadencia de la dignidad en todas las esferas  de la vida.

Y la matanza en nombre de la eugenesia de los considerados “inútiles”, sólo es una bestialidad más que no aporta nada al desarrollo social. Hoy día un seis por ciento de la población mundial –unas 400 millones de personas– es discapacitada. De aplicarse plenamente la eugenesia, son muchos millones los que sufrirían padecimientos de todo tipo.

Cada persona con alguna de sus capacidades reducidas que sienta que alguien de hasta su propia familia lo puede matar, sufrirá trastornos y depresiones severos.

La comunidad en la que suceda algo así padecerá, sin dudas, un colapso moral devastador como producto de la pérdida de todo tipo de sentimientos humanos, de valores espirituales. Pretender el progreso a través de mecanismos que legitiman el asesinato de los considerados “despreciables”, a la vez que indicaría serios problemas de discernimiento en quienes acuerden con ello, llevaría a otros a graves situaciones mentales.

Más adelante veremos la manera en que el socialdarwinismo buscó aplicar a nuestras sociedades la teoría de la evolución, a pesar de estar totalmente en conflicto con la naturaleza humana. Su vigencia degrada a nuestra especie y la conduce a la depresión y al caos, a la vez que genera enconos que dan lugar a enfrentamientos, guerras y asesinatos.

El socialdarwinismo alcanzó su pico en el período que va desde la segunda mitad del siglo XIX a la primera mitad del siglo XX, aunque sus efectos adversos perduran hasta hoy día. En base a los conceptos erróneos del darwinismo, se sigue intentando evaluar a nuestra sociedad global recurriendo a distintos métodos, algunos recurrentes:

 “psicología evolutiva”, “determinismo genético”, etc. Para proteger al mundo del siglo XXI de situaciones horrorosas, es necesario que todos seamos concientes de los peligros que entraña el socialdarwinismo en los más diversos órdenes de la vida. Y también es imprescindible explicar claramente que la teoría sobre la que se basa esta filosofía, no cuenta con ningún aval científico.