Jue11232017

Last updateDom, 04 Jun 2017 11pm

Back Está aquí: Portada Milagros En El Corán “Los barones ladrones”

“Los barones ladrones”

“Los barones ladrones”

El darwinismo es el peligroso denominador común de muchas ideologías, corrientes intelectuales y sistemas sociales, que de alguna manera se han mantenido vigentes hasta hoy día. Lo notable es que resulta un fundamento compartido por formas de pensar supuestamente opuestas. Ha jugado un papel importante en la constitución y expansión del nazismo, del fascismo y del comunismo; en la justificación de diversas masacres; en el supuesto “basamento científico” del capitalismo desenfrenado. Además, fue aclamado majestuosamente y favorecido enormemente en la Inglaterra y Norteamérica Victorianas en particular, por el sustento que brindó a los amos de entonces, conocidos como “los barones ladrones”.


En el siglo XX tuvimos dos modelos económicos principales.

Por un lado el socialista, asentado en la propiedad estatal y en la economía planificada, el cual ha fracasado en donde fue aplicado.

Por otro lado el liberal, basado en la propiedad privada y la operatoria comercial sin trabas, que no produce buenos resultados para todos: el pobre permanece siempre pobre y se incrementan las situaciones de injusticia social. Para evitar ésto se necesitan dos cosas: 1) La ayuda del estado a los desamparados y desempleados; 2) que la sociedad en su conjunto haga suyos los valores de la moral religiosa, los que incluyen la solidaridad y la cooperación.

Este segundo requisito es particularmente importante porque, de hacerse efectivo, asegura el cumplimiento del primero. En otras palabras, si las comunidades dan la suficiente importancia a las virtudes morales religiosas, en el plano de lo económico no se puede desconocer la justicia social y la necesidad de que la bonanza material alcance a todos. En consecuencia, parte del capital circulante debería ser destinado a distintos tipos de programas de bienestar social. (Este es, justamente, el modelo revelado por Dios en el Corán. En el Islam se admite la propiedad privada y se establece que los propietarios deben invertir parte de su ganancia en la asistencia social).

Pero si eso no ocurre, la economía  liberal degenera en capitalismo salvaje y entonces los desamparados son oprimidos, carecen de todo tipo de ayuda y la injusticia social deja de ser un problema a resolver para transformarse en “el estado natural de los asuntos”.

¿Qué es lo que lleva a esa degeneración? Como veremos más adelante, esa transformación se produce al abrevar el capitalismo en el socialdarwinismo.

Los primeros en elevar a la práctica socioeconómica los postulados darwinistas fueron los norteamericanos conocidos como “los barones ladrones”, quienes entendieron que la supuesta “supervivencia del más apto” les daba luz verde para el comportamiento brutal en el campo laboral y social 18. La resultante de ello fue la competencia comercial cruenta, que podía terminar tranquilamente en el asesinato. El único objetivo que pasaba a existir era acumular cada vez más dinero y poder. Al entrar el darwinismo a la economía, se arruinaron millones de vidas, los salarios se deprimieron a niveles increíbles, empeoraron las condiciones laborales y se prolongaron las jornadas de trabajo. La carencia de todo tipo de seguridad llevó al incremento de operarios enfermos, accidentados y muertos.

 La Crueldad de los Empleadores Darwinistas

La revolución industrial, que se inició en Gran Bretaña, llevó a que se expandiese rápidamente por el mundo el montaje de fábricas y maquinarias para beneficio principalmente de los ingleses. Los accidentes laborales ―pérdida de dedos, pérdida de miembros, ceguera, sordera, intoxicación, envenenamiento, pérdida de la vida― eran frecuentes debido a la desidia de los dueños. Se ha determinado que en el primer decenio de 1900 un millón de trabajadores sufrieron serias incapacidades, enfermedades o la muerte, debido al tipo de instalaciones fabriles19.

Resultaba algo normal que alguien que pasase toda su vida en una fábrica sufriera algún tipo de accidente físico importante. Por ejemplo, trabajadores que fabricaban sombreros de alas rígidas sufrieron envenenamiento con mercurio y casi todos los obreros que operaban con pintura radioactiva (llamada pintura fluorescente) terminaron con cáncer20.

Aunque los empleadores eran totalmente concientes de las malas condiciones laborales y a lo que conducían, no tomaron ninguna medida para evitar los accidentes y mejorar la situación. Muchas acerías tenían jornadas de trabajo de 12 horas corridas en ambientes con temperaturas entre 40ºC y 50ºC (117ºF), con salarios muy bajos21. El presidente norteamericano Benjamín Harrison resumió esas condiciones inhumanas al decir que el operario medio norteamericano enfrentaba los mismos riesgos que un soldado en la guerra22.

Algunos empresarios capitalistas no le daban ninguna importancia a la vida del prójimo y la consideraban desechable, luego, por supuesto, de sacarle el beneficio correspondiente. Muestra de ello es la cantidad de empleados que murieron sólo en el tendido de las vías férreas debido a ese criterio23. Uno de los ejemplos más conspicuos de esa absoluta falta de consideración por el destino de los demás, lo suministra el capitalista J. P. Morgan, quien compró cinco mil rifles defectuosos a $ 3,50 cada uno y los vendió al ejército estadounidense a $ 22.- cada uno. Es decir, lo único que le importó fue el negocio que hacía, despreciando totalmente la vida de los soldados de su propio país que los empuñarían. Estos terminaron con el dedo desecho y demandaron a Morgan pero no tuvieron suerte porque en aquella época los tribunales favorecían normalmente a los “barones ladrones”25.

Otro ejemplo de trato inmisericorde lo dio un patrón al que se le pidió que construyese un cobertor protector para sus obreros y respondió “la mano de obra cuesta menos que esas estructuras”26.

Se puede discernir claramente la influencia del darwinismo en el origen de todas esas crueldades. Una visión que considera a los seres humanos una especie de animal, a algunos más desarrollados que otros y a la vida un campo de batalla en el que prevalece el poderoso, necesariamente conduce a la bestialidad, a la impiedad, a la falta de compasión y a la opresión.

 Los Perjuicios Que Ocasionó el Darwinismo

en el Mundo de los Negocios


La mayoría de los empresarios que apoyaron el capitalismo desenfrenado, fueron educados como creyentes en Dios. Después, debido a la influencia del darwinismo y sus falsedades, abandonaron sus creencias, justificaron y promovieron la competencia inmisericorde en función de acumular dinero y repudiaron todo tipo de altruismo. Por ejemplo, el ya mencionado Carnegie, prominente figura de la industria del acero del siglo XIX, había sido un devoto cristiano. Pero luego, como describe en su autobiografía, él y muchos de sus amigos adhirieron a las falsedades evolucionistas.

 Creía que la lucha despiadada era una ley de la vida y desarrolló una filosofía en función de la misma. Llegó a sostener que aunque la rivalidad sin contemplaciones perjudicaba a algunos, era lo mejor para la “raza”, en general, porque aseguraba la superioridad del más apto en cada sector27.

En un momento dado Carnegie se reunió en la casa de un profesor de la Universidad de New York28 con una serie de personas “elegidas” ―entre las que se contaban Herbert Spencer, seguidor de Darwin, e importantísimas figuras del socialdarwinismo―, denominadas “libre- pensadores” y que decían buscar una “religión humana original”. Los presentes adoptaron los pensamientos retorcidos de Spencer y Darwin, posiblemente sin percatarse del atolladero en el que metían a la sociedad.

Richard Milner, antropólogo del Museo de Historia Natural de los EE. UU. y autor de La Enciclopedia del Evolucionismo, describe el proceso que los llevó a esa situación:

Carnegie, a poco de emerger en el mundo de los negocios, se convirtió en un magnate industrial desalmado, poderoso, destructor de cualquiera que considerase competencia y explotador del prójimo y del planeta. El socialdarwinismo le valía de justificación filosófica de todo lo que hacía. Sostenía que la lucha entre empresarios, incluida la espuria,  brindaba un servicio a la humanidad pues eliminaba a los más débiles y quienes sobrevivían, que eran los aptos, merecían la posición obtenida29.

Pero se equivocaba. Lo natural y correcto es que la gente trabaje para conseguir los medios que le permitan llevar una vida digna. Resulta completamente inaceptable que para acrecentar los beneficios se dañe o haga padecer a otros, que se oprima al débil. Dios ha ordenado la honestidad en las relaciones comerciales y otras esferas de la vida, así como proteger los derechos del desposeído. Es una mentira enorme hacer creer que la opresión y/o eliminación del necesitado conduce a la formación de una sociedad más pujante.
 
En donde esos criterios se enraízan, la brecha entre ricos y pobres, con la injusticia que lleva aparejada, aumenta en progresión geométrica. Esta situación también se da entre países: en tanto los de occidente gozan de un nivel de vida relativamente creciente, en los llamados del Tercer Mundo, muchos mueren por inanición y abandono. Por supuesto, si los recursos del planeta fuesen usados de manera solidaria, hay suficientes para proveer a las necesidades de todos los hambrientos y desamparados.

Para que ello suceda, es imprescindible reemplazar la influencia intelectual global del darwinismo por los valores morales coránicos. Entonces, las situaciones de menoscabo a las personas se superarán naturalmente.

La ética religiosa promueve el amparo, la compasión, la cooperación mutua, la solidaridad y el compartir, frente a la competencia despiadada y la opresión del pobre, propias del materialismo. Por ejemplo, nuestro Profeta (quiera Dios bendecirle y concederle paz) dice en una tradición: “No es creyente, en todo el sentido del término, quien come hasta hartarse cuando su vecino pasa hambre”36. Estas sabias palabras son una de las tantas manifestaciones para señalar la compasión y el afecto de los que deben estar compenetrados los musulmanes.

Dios ordena la clemencia, el cariño y el altruismo en muchos de sus versículos coránicos, a la vez que da ejemplos del comportamiento moral apropiado. El socialdarwinismo alienta a que el rico use a los pobres como peldaños de una escalera para trepar, en tanto que el Islam ordena protegerlos:

 
Quienes de vosotros gocen del favor (divino) y de una vida acomodada, que no juren que no darán más a los parientes, a los pobres y a los que han emigrado por Dios. Que perdonen y se muestren indulgentes… (Corán,  24:22).

 Te preguntan qué deben gastar (en limosnas). Di:
“Los bienes que gastéis, que sean para los padres, los parientes más cercanos, los huérfanos, los necesitados y el viajero (es decir, el seguidor de la causa de Dios)” (Corán, 2:215).

 …“¡Comed de ellas y alimentad al desgraciado, al pobre!” (Corán, 22:28).

 parte de cuyos bienes es de derecho para el mendigo y el indigente, (Corán, 70:25-
25).

Por mucho amor que tuvieran al alimento, se lo daban al pobre, al huérfano y al cautivo
: “Os damos de comer sólo por agradar a Dios. No queremos de vosotros retribución ni gratitud. Tememos, de nuestro Señor, un día terrible, calamitoso (es decir, el Día del Juicio)” (Corán, 76:8-10).

 Dios advierte también que los que no ayudan al pobre y al débil recibirán como recompensa el Infierno:

…se preguntarán unos a otros acerca de los pecadores.
“¿Qué es lo que os ha conducido al saqar (es decir, al Infierno)?”. Dirán: “No éramos de los que oraban, no dábamos de comer al pobre…” (Corán, 74:40-44).

 “… ¡Sujetadle, luego, a una cadena de setenta codos!”. No creía en Dios, el Grandioso, ni animaba a dar de comer al pobre. Hoy no tiene aquí amigo ferviente, (Corán, 69:32-35).


No debe olvidarse que es Dios Todopoderoso, Señor del Universo, Quien da a cada uno lo que El quiere. La persona que cree que se enriquece por sí misma a través de la brutalidad, no sabe que es Dios Quien le permite obtener lo que desea, como una manera de probarla:

Hemos adornado la Tierra con lo que en ella hay para probarles y ver quién de ellos es el que mejor se porta (Corán, 18:7).

 Por lo tanto, depende de nosotros el usar o no, de la mejor manera, Sus bendiciones, con el objeto de ganar Su aprobación. El verdadero creyente debe saber que todo lo que Dios le da o permite que le suceda, en un grado que El determina, es una bendición Suya en función de Su prueba, por la que pasamos todos.

 
 Por DR/ Zaglol El Naggar
www.zelnaggar.com