Sáb11182017

Last updateDom, 04 Jun 2017 11pm

Back Está aquí: Portada Familia La Mujer Mujeres Ejemplares Asmá bint Abu Bakr

Asmá bint Abu Bakr

Vivió Asmá, hasta los cien años, con plena lucidez.
La biografía de esta Compañera del Mensajero de Allah (PyB), es la de una mujer perteneciente a una de las familias más importantes del Islam. Su padre, su abuelo, su hermana, su esposo, y su hijo, eran Sahabas. Esto sería suficiente para conferirle honor a cualquiera.

Su padre era Abu Bakr As-Siddiq (RA), amigo del Mensajero de Allah (PyB) y su sucesor (Califa), como líder de la comunidad, tras su muerte. Su abuelo fue Abu ‘Atiq, el padre de Abu Bakr, su hermana fue Aisha (RA), la Madre de los Creyentes, su esposo Az-Zubeir(RA), discípulo del Profeta (PyB), y su hijo  fue Abdullah Ibn Az-Zubeir, que Allah se complazca de   todos ellos.
 
Esta era la familia de Asmá bint Abi Bakr (RA), una de las primeras mujeres en abrazar el Islam. Solo diecisiete hombres y mujeres abrazaron el Islam antes que ella.
La apodaron “La de las dos cintos”, por lo sucedido el día en que el Mensajero de Dios (PyB) y su padre, Abu Bakr (RA), emigraron de Makka a Medina (hégira). Asmá (RA) preparó un saco de comida para el viaje, y un vasija conteniendo agua, pero al no encontrar con que atar las bolsas para que fuesen fáciles de transportar, se quitó su cinto, y lo cortó en dos; con una parte ató el saco de comida y con la otra la vasija con agua. El Profeta (PyB) rogó a Allah que la recompensara con dos cintos en el Paraíso.
 
Desde ese momento se la apodó Dhat al-Nitakayn, “La de los dos cintos”.
Se casó con Az-Zubeir Ibn Al-‘Awam, un joven de escasos recursos, que no tenía empleados que lo ayudasen con la casa, ni plata para llevar una vida más cómoda. Su única posesión era una yegua. Asmá era una esposa virtuosa y confiable, se ocupaba de las tareas de la casa, incluso ella misma sacaba a pastar al animal y recolectaba y preparaba el forraje. Hasta que, Allah cambió la situación de Az-Zubeir, y  se convirtió en uno de los Compañeros  más ricos.
Cuando Asmá tuvo la oportunidad de emigrar de Makka a Medina y de practicar su religión en libertad bajo la guía del Mensajero de Allah (PyB), estaba embarazada y en fecha de parto. Esto no la detuvo de emprender ese penoso y largo camino. Tan pronto llegó a Qubá (una aldea en los alrededores de Medina) dió a luz a un niño, llamado Abdullah Ibn Az-Zubeir. Los musulmanes se alegraron y festejaron, ya que éste era el primer niño nacido de entre los musulmanes emigrados a Medina.
Asmá se apresuró en llevar al pequeño al Mensajero de Allah (PyB). El Profeta (PyB) lo tomó en sus brazos, frotó la boca del niño con un bocado de dátil que él había masticado antes, luego pidió a Allah que bendiga al pequeño. Es de destacar que   lo primero en entrar en la boca de este niño, fue ese jugo de dátil de la boca del Profeta (PyB).
 
Pocas personas tenían la calidad de carácter que distinguía a Asmá (RA), ya que ella era virtuosa y generosa.
 
Su generosidad era proverbial, y se relata que su hijo, Abdullah, dijo de ella:
“Nunca vi mujeres más generosas que mi tía Aisha y su hermana Asmá, mi madre. Sin embargo, la forma en que expresaban su generosidad difería. Mi tía ahorraba,  hasta tener suficiente para repartir entre los pobres. En cambio, mi madre, nunca ahorraba nada, ni siquiera para el día siguiente.
Asmá era una mujer, que aún en las situaciones más difíciles sabía desenvolverse. Cuando su padre, Abu Bakr, dejó  Makka, en compañía del Profeta (PyB) para emprender el trayecto de Makka  a Medina, llevó consigo todo su dinero. Sumaba 6000 dirhames, sin dejar nada en su casa. Su padre, Abu Quhafah, permanecía incrédulo por aquel entonces. Al enterarse que su hijo había abandonado Makka, fue a su casa y dijo a su nieta Asmá:
 
 “Puedo jurar que no solo te ha afligido al abandonarte, sino que también lo ha hecho al llevarse su riqueza.”
 
“No abuelo –respondió Asmá- nos ha dejado mucho.”
 
Y llenó con piedras el recipiente donde Abu Bakr(RA) acostumbraba ocultar su dinero y lo cubrió con una tela. Luego, condujo a su ciego abuelo de la mano y le dijo:
 
“Toca abuelo, cuanta plata nos ha dejado.”
 
Él tocó con su mano y dijo:
 
“Veo que no hay de que preocuparse. Si ha dejado tanto, entonces está bien.”
Asmá hizo esto para darle seguridad al anciano, para que él no sintiese la obligación de darles nada. Ella odiaba deberle favores a un incrédulo, aunque fuese su abuelo.
 
Aún asi, si fuese olvidado todo lo que se conoció de Asmá (RA), por la historia, su último encuentro con su hijo Abdullah, fue inolvidable, debido al coraje, decisión y a la inmutable fe, que demostró en tal situación.
La historia es el siguiente:
 
Luego de la muerte del Califa Iazid Ibn Mu’awiah(RA), todo el Hiyaz,( zona comprendida entre Makka y Medina), Egipto, Khurasan y la mayoría de Siria, habían jurado lealtad a su hijo Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA), como nuevo Califa. Pero el clan de los Banu Umayya (Omeyas), había formado un ejercito enorme bajo el mando de Al Hayyay Ibn Yusuf Az-Zaqafi para hacer frente a Abdullah. Sucediéndose entre los dos grupos graves enfrentamientos. Abdullah Ibn Az-Zubeir(RA) había demostrado su valor y dignidad como líder en el campo de batalla, pero sus seguidores lo fueron abandonando gradualmente, a medida que la guerra continuaba. Los que permanecieron con él, se refugiaron en Makka, bajo la protección de la Ka’aba y su mezquita.
Horas antes de su muerte, Abdullah(RA) dejó la batalla, para visitar a su madre, centenaria, ciega y débil.
Al verla le dijo:
 
“La paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo, madre.”

“Y contigo sea la paz, Abdullah. ¿Qué te trae aquí en éste momento, en que las piedras de las catapultas de Al-Hayyay están cayendo sobre tus soldados en la zona de la mezquita sagrada y sacudiendo todas las casas de  Makka?”
 
“Vengo a solicitar tu consejo”, respondió.
 
“¡Mi consejo!, ¿sobre qué asunto?”

  “Todos me han retirado su apoyo por temor a Al-Hayyay o con la esperanza de compartir con él su poder y su riqueza. Hasta mis propios parientes e hijos me han abandonado. Sólo unos pocos hombres permanecen conmigo, pero no importa que tan decididos estén, sólo podrán mantenerse en la lucha por una o dos horas más. Los mensajeros de Bani Umayya están prometiendo darme lo que les pida, si yo depongo las armas y juro lealtad a ‘Abdul Malik Ibn Marwan como nuevo Califa.
 
 ¿Qué opinas de ello?”
 
Su voz tomó fuerza, y dijo:
 
“Esto es  asunto tuyo, Abdullah (RA), y eres tú quién mejor debe saber qué hacer... Si estás seguro de obrar correctamente, y que invitas hacia la verdad, sé perceverante y valiente, igual que los que te apoyaban y murieron por tu causa. Pero si solo persigues una gloria terrenal, acabarás con tus hombres y contigo mismo”
 
“Pero voy a morir hoy, de cualquier modo”, dijo.
 
“Es mejor morir de ésta forma, que entregarte voluntariamente a Al-Hayyay para ser decapitado. Tu cabeza terminará rodando frente a los esclavos de Bani Umayya.”
 
“No tengo miedo a morir, pero la idea de ser mutilado me horroriza,” dijo Abdullah (RA).
“Una vez muerto –respondió su madre- no tendrá importancia. Una oveja, una vez  sacrificada, no siente el dolor de ser despellejada.”
 
Abdullah (RA) parecía fortalecido por sus palabras,  sonrió diciendo:
 
“Que bendita eres, ¡Oh Madre! Tienes tantas bendiciones, virtudes y cualidades. En realidad solo vine, porque necesitaba escuchar esto de tí. Allah bién sabe, nunca perdí el coraje ni la fuerza, y Él es mi testigo  de que no he hecho esto persiguiendo poder o riquezas materiales. Sino, como un celoso protector de todo lo que Dios hizo sagrado. Me dirijiré a un destino que tú has consentido, así cuando muera, no te aflijirás por mí. Deja que Allah te compense por lo que puedas perder.”
 
“Me afligiría por tí, sólo si murieses por vanidad”, respondió ella.
 
“Debes encontrar tranquilidad en el hecho de que tu hijo nunca cometió a sabiendas, un acto  inmoral  o de libertinaje, nunca ha desobedecido las leyes de Allah, nunca traicionó la confianza, nunca oprimió a un musulmán ni a nadie que no lo fuera, y siempre ha elegido lo que más le complaciese a Allah. No digo esto para alabarme, ya que Allah sabe de mís actos, y que lo digo para consolarte.”

“Alabado sea  Allah, quien te ha hecho complaciente para Él y para mí. Acércate a mí, hijo mío, para que pueda tocarte y olerte por una última vez”, dijo.
 
Abdullah (RA) se inclinó sobre ella, besándo sus manos y los pies, mientras ella,  buscó su cabeza con sus manos, oliendo su pelo, besándolo y acariciándolo, le dijo:
 
“¿Qué es lo que tienes puesto, Abdullah (RA)?”
 
“Mi armadura”, respondió.
 
“Esta  no es la vestimenta adecuada, para quién desea caer por la causa de Allah”, objetó.
“Solo me la puse para darte seguridad, para que no te preocupes por mi”, explicó.
“Quitatela –dijo Asmá (RA)- eso te hará más valiente y más digno. Mejor, viste pantalones largos,  pues si caes abatido, no permanecerás  en el suelo,  mostrando tu partes pudendas.”
Abdullah satisfizo el pedio de su madre, quitándose la armadura y ajustándose los pantalones con firmeza. Luego se dirigió a la zona de la Ka’aba para finalizar la batalla, diciendo:
“No dejes de orar por mí, madre.”
Ella elevó sus manos al cielo diciendo:
 
¡Oh Allah!  Ten misericordia por quien pasaba las noche alanbándote, con sus ojos colmados de lágrimas, cuando todos los demás dormían. Ten misericordia de quien, soportó hambre y sed, bajo el calor de Makka y Medina, cuando ayunaba. Y ten misericordia de él por su consideración para con su padre y su madre. ¡Oh Allah! Te lo entrego a ti, y estoy complacida con lo que decretes. Concédeme la recompensa de los que son pacientes.”
Para el anochecer, Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA)  había encontrado su muerte. Antes de los veinte días, su madre Asmá bint Abi Bakr (RA) se reuniría con él.  Ella tenía cien años, tenía total lucidez cuando murió.
 
¡ Dios bendiga a Asmá bint Abi Bakr !
 
INDICE

Ya'far Ibn Abi Tálib
Muhammad (PyB) le dijo" Eres como yo en conducta e imagen."
 
 
 
Apodado por el Mensajero de Allah (PyB) "Padre de los menesterosos" y  "El de las dos alas" . Estamos ante el ave del Paraíso... Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) Era uno de los excelsos hombres de la primera generación islámica, los que lucharon firmemente para la transformación de los conceptos de la vida.
Llegó ante el Mensajero de Allah (PyB) ya islamizado, y de este modo, tomó su elevada posición entre los primeros Creyentes. Su esposa, Asmá hija de Umáis, abrazó el Islam el mismo día que él. Ambos soportaron con coraje y valentía la opresión y la tortura. Cuando el Mensajero eligió Abisinia para que sus Compañeros emigraran y estuvieran  a salvo, Ya'far (RA) partió con su esposa hacia allí.
En Abisinia, Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) fue el portavoz de los musulmanes. Allah le había dado entre muchas otras cosas, inteligencia, lucidez y elocuencia. El día de Mu-ta (*)  fue el más glorioso, magno e inolvidable de su vida. Pero el día de su diálogo frente al Negus de Abisinia no fue menos glorioso. Fue, sin lugar a dudas, un día especial y una escena sin igual.
La furia de Qureish contra los musulmanes no se calmó, ni se apagó su rencor, con la emigración de los fieles hacia Abisinia. Al contrario, los qureishíes temieron que, allí, la fuerza de los musulmanes aumentara y su número creciera, o que, por lo menos, el prestigio de Qureish se viese disminuido porque los musulmanes habían escapado. Es así que decidieron mandar dos mensajeros a la corte del Negus de Abisinia para convencerlo, por medio de costosos regalos, de expulsar a los musulmanes refugiados en sus tierras. Estos dos embajadores eran: Abdallah Ibn Abi Rabi'a y Amru Ibn Al 'As, quienes aún no eran musulmanes.
El Negus, soberano de Abisinia, era un hombre de fe clara, profesaba un cristianismo puro y original, alejado de todo extremismo y fanatismo. Tenía fama de justo y esa fama se divulgó por todas partes. Por esta razón el Profeta (PyB) eligió su tierra para que los musulmanes se refugien en ella. Y por este motivo, los qureishíes temian de ello.

Los embajadores enviaron muchos regalos a los obispos y los sacerdotes de Abisinia, a fin de persuadirlos de apoyar  la petición qureishí ante el Negus. Comezaron a impregnar el corazón de los religiosos de rencor y odio contra los musulmanes emigrados; luego, les pidieron su apoyo para que el Negus los expulsara. Fijaron una reunión con él y con la presencia de los musulmanes perseguidos.
Este en su trono, fue  escoltado por los obispos y su corte, los musulmanes se ubicaron frente a él, en una sala amplia. Se les notaba tranquilos pues los cobijaba la clemencia divina. Los qureishíes plantearon al Negus las mismas acusaciones que le habían presentado en una reunión anterior que tuvieron a solas con él. "¡Oh rey!", le dijeron, "han llegado a tu país jóvenes insolentes; dejaron la religión de su gente, y no abrazaron la tuya. Han inventado una religión que ni tú ni nosotros conocemos. Por eso los notables de su pueblo, incluyendo sus familias, nos han enviado para que tú  los devuelvas."

El Negus volvió la cara hacia los musulmanes y les preguntó: "¿Qué religión os ha hecho abandonar las creencias de vuestra gente y os satisfizo en lugar de nuestra religión?"
Ya'far (RA), se adelantó para cumplir con la misión que los emigrantes acordaron encargarle antes de llegar a la reunión. Se puso de pie con respeto y calma y con  una mirada amable hacia el rey que los había protegido de buena manera, dijo:
 
 "¡Oh rey!  Eramos ignorantes, adorábamos ídolos, practicábamos obscenidades, cortábamos los lazos familiares, éramos malos vecinos, el poderoso de entre nosotros devoraba al débil... así estabamos  hasta que Dios nos mandó un Mensajero de entre nosotros mismos.
Conocíamos a su familia, su sinceridad, su fidelidad y su virtud.

Nos invitó a adorar al Dios Único, y a dejar lo que adoraban nuestros padres de piedras e imágenes, nos ordenó ser sinceros al hablar, nos ordenó la lealtad, no cortar los lazos sanguíneos, la bondad  con los vecinos, abstenernos de lo ilícito y de la venganza, nos prohibió la obscenidad, el perjurio, la malversación del patrimonio de los huérfanos, confiamos en él, le creímos y le seguimos para que nos enseñe lo que Dios le reveló.
 Entonces hemos adorado al Dios Único, y no hemos asociado con Él otra divinidad; obedeciendo Sus órdenes, hemos declarado prohibido lo que el Mensajero (PyB) nos ha comunicado que es ilícito y viceversa. Nuestro pueblo, por su parte, nos ha atacado, nos ha torturado queriendo alejarnos de nuestra religión y hacernos regresar a la idolatría... cuando nos hicieron sufrir injustamente, cuando nos hicieron la vida imposible, deseando separarnos de nuestro nuevo credo, emigramos hacia vuestro país, esperando vuestra protección, deseando que la injusticia no nos alcance a vuestro lado..."
 
Las claras palabras de Ya'far llegaron al corazón del Negus, dejándole maravillado y llenándole de emoción. Se dirigió a Ya'far (RA) diciéndole: "¿Tienes algo de lo que ha sido revelado a tu Mensajero?"
"Sí" dijo Ya'far(RA).
 
"Recítamelo" dijo el Negus.
 
Ya'far comenzó a recitar aleyas de la sura de María, de un modo dulce y con mucho respeto. Conmovieron al Negus y a sus obispos, lo escuchado. Al mirar a los enviados de Qureish les dijo: "Por cierto que esto y lo revelado a Jesús (AS) procede del mismo origen. ¡Retírense! ¡Por Dios que no se los entregaré!"
 
Ese fue un día victorioso para los musulmanes, pero Amru Ibn Al 'As era un hombre astuto, no aceptaba la derrota ni se resignaba ante la misma. Apenas llegó a su residencia, meditó un tiempo y luego dijo a sus amigos: "Por Dios, mañana regresaré junto al Negus y le contaré de ellos, algo que le hará expulsarlos inmediatamente. Le diré que ellos creen que Jesús (AS) es uno de los siervos de Dios como cualquier otro..."
De este modo, Amru pondría a los musulmanes entre la espada y la pared, ya que si ellos decían que Jesús (AS) es uno de los siervos de Dios, el rey y sus obispos se enfadarían con ellos, y si negaban el carácter humano de Jesús (AS), iría en contra de sus creencias.
Amru fue a entrevistarse con el rey al día siguiente, le dijo: "¡Oh rey! Ellos dicen cosas terrible sobre Jesús (AS)". Los obispos se agitaron y se conmovieron bastante por lo dicho. Nuevamente llamaron a los musulmanes para que respondan. Los musulmanes, al saber de la nueva trampa, acordaron decir la verdad oída de su Profeta (PyB), y se encomendaron a Dios.

El Negus empezó preguntando a Ya'far (RA): "¿Qué dicen de Jesús?"
 
Ya'far (RA) se incorporó confiado y dijo:
 
 " Decimos lo que nuestro Profeta nos ha enseñado:
 
 
...es Siervo y Mensajero de Dios, y su verbo, con el cual agració a María, y un espíritu que emana de Él..."
El Negus, con agrado, creyó y declaró ciertas las palabras de Ya'far (RA), expresándo que esto era lo que el Mesías decía de sí mismo. Sin embargo, los obispos no aprobaron lo que oían. El Negus, un creyente iluminado, se dirigió a los musulmanes diciendo: "Podéis iros. Estáis protegidos en esta tierra. Quienquiera que os insulte u os haga daño, deberá pagar por ello...". Luego dijo a sus guardias, indicando a los qureishíes: "Devolvedles sus regalos, pues no los necesito... ¡Por Dios que me ha agraciado bastante! No soy de los que aceptan sobornos..." Los embajadores qureishíes salieron derrotados y retornaron a  Makka.
Los musulmanes, liderados por Ya'far (RA), aseguraron su  vida en Abisinia, hasta que Dios les permitió volver con su Mensajero (PyB), sus familias y sus hogares.
El Mensajero de Allah (PyB) estaba celebrando la victoria de Jaibar  cuando vio a Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) llegar de Abisinia junto con los demás emigrantes. El corazón del Mensajero (PyB) se llenó de júbilo, le abrazó y le dijo: "No sé porque causa alegrarme más: Por la llegada de Ya'far o  por la victoria de Jaibar...(*)"
El Mensajero (PyB) fue luego a  Makka, a realizar la Umra (Visita ritual), para retornar todos a Medina.  Ya'far (RA) quedó maravillado al escuchar las noticias de sus hermanos Creyentes quienes, junto al Profeta (PyB), lucharon en las batallas de Badr, Uhud y muchas más. Sus ojos lloraron por aquellos que fueron sinceros en su promesa a Dios y perdieron la vida como mártires  honorables. Su corazón se llenó de una dulce nostalgia por entrar al Paraíso y esperó el momento y la oportunidad para dar su vida por la causa de Dios.
La batalla de Mu-ta, estaba a punto de empezar. Las banderas ondeaban en el horizonte, los ánimos estaban tensos por empezar la batalla. Ya'far (RA) vio en esta batalla la oportunidad de su vida; ya sea por lograr una gran victoria para la religión de Dios o por ganar una gloriosa muerte en la causa de Dios. Se había presentado al Profeta (PyB) pidiéndole fervientemente un lugar en la batalla. Ya'far (RA) sabía que no sería un paseo ni una pequeña escaramuza, sino que era un combate en gran escala de los que el Islam no había enfrentado jamás.
Se encontrarían con el ejército de un imperio próspero y grande que poseía armas, soldados, experiencia  y el dinero que ni los musulmanes ni los árabes podían tener. Pese a la gravedad de la situación, Ya'far (RA) tenía todas las ganas de participar, por ello fue nombrado uno de los Emires del ejército. Las desiguales fuerzas se encontraron en un día terrible, Ya'far (RA) al ver al ejército bizantino, se sorprendío y no sin razón.
Era la primera vez que los musulmanes estaban frente a un ejército tan numeroso ( algunas fuentes expresaban que llegaban a doscientos mil guerreros), tan bien equipados,  profesionales  y ordenados.
 
Ya'far (RA) estaba feliz de todos modos; sintió placer; porque percibió que, con la dignidad del creyente sincero y la confianza en Allah, los combatiría de igual a igual.
Antes de caer la bandera de la mano inerte del primer Emir, Zaid Ibn Hariza (RA), Ya'far (RA) la tomó en su diestra y comenzó a luchar con increíble valentía. Tenía la audacia de los que  no sólo buscan la victoria sino que también desean la muerte como mártires. Pronto se vio rodeado por los guerreros bizantinos. Al sentir que los movimientos de  su caballo se obstruían, bajó de él y empezó a golpear a los enemigos con una furia sinigual.
Después de matar a su propio caballo, pues un bizantino lo estaba montando, se lanzó en medio de las compactas filas bizantinas, para combatir contra ellas. Sabía que era la victoria o la muerte. Los enemigos lo rodearon nuevamente, en la ferrea lucha, cortaron su brazo derecho, donde llevaba la bandera. Antes que el estandarte cayese, lo sujetó con el izquierdo, el cual no tardó en ser cortado. Entonces abrazó la bandera con sus muñones. En ese instante, su preocupación se centró en no dejar caer este precioso estandarte del Mensajero de Allah (PyB) mientras tuviese vida. Cuando cayó inerte, sus brazos aún sujetaban fuertemente la bandera. Abdullah Ibn Rauuaha (RA) la vió ondear y, con rapidez, se dirigió hasta ella para elevarla y llevarla con firmeza hacia su glorioso destino.
 
De esta manera, Ya'far (RA) escogió para sí una de las más gloriosas muertes que un hombre pudiera elegir, al encontrarse con su Señor, por su propia audacia y valentía. Allah el Sapientísimo comunicó el destino de la batalla y de Ya'far (RA) a Su Mensajero (PyB), quien, a su vez, se resignó a la voluntad de Allah y lloró la partida de su primo y Compañero.
 Muhammad (PyB) se dirigió a la casa de Ya'far (RA), llamó a sus hijos, los miró tiernamente y los besó mientras lloraba.
Los humildes lloraron la muerte de  Ya’far (RA), ya que era conocido como el "Padre de los pobres". Abu Huraira (RA) dijo: "Ya'far Ibn Abi Tálib era lo mejor para los pobres" Sí, fue el más generoso con sus posesiones en vida, y cuando le llegó la hora, fue el más generoso con su sacrificio.
Abdullah Ibn Omar (RA) dijo penosamente: "Estaba junto a Ya'far en la batalla de Mu-ta, encontramos en su cuerpo más de noventa heridas de estocadas y flechas."
¡Más de noventa golpes de espada y lanza! Pero ¿Acaso los que le mataron pudieron saciar su sed? ¿Pudieron, acaso, ganar algo de su espíritu y su glorioso destino? No. Sus espadas y lanzas fueron un puente por el cual el gran mártir cruzó para estar junto a Dios, El Clemente, El Supremo, en un lugar elevado.
 
Allí estaba... en los eternos jardines del Paraíso, llevando orgulloso las marcas y heridas de batalla.
 El Profeta (PyB) dijo:
 
 "Yo le he visto en el Paraíso... tenía dos alas, impregnadas de sangre y la parte delantera de su cuerpo, teñida también”. 
¡  Dios bendiga a Ya'far Ibn Abi Talib!
 
(*)  Mu-ta, fue la batalla contra los bizantinos donde Ya'far cayó como mártir.
(*)  Jaibar, victoria contra los judíos que habitaban en la ciudad del mismo nombre. Fue después del año seis de la Hégira.