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Divinizando al hombre (Parte 1)

Dios se convierte en Sus Criaturas

En la creencia hindú, los atributos de Brahmán se manifiestan en forma de distintos dioses. El atributo de la creación se convierte en el dios creador, Brahma, el atributo de la conservación se convierte en el dios conservador, Vishnu, y el atributo de la destrucción se convierte en el dios destructor, Siva. El más popular de los tres, Vishnu, se encarna en los seres humanos en distintos puntos de la vida. Esta encarnación es conocida en sánscrito como avatar, que significa “descenso”. La misma representa el descenso de Dios al mundo humano convirtiéndose en ser humano o en alguna de las criaturas de este mundo. Principalmente, el término avatar se refiere a las diez apariciones principales del dios Vishnu. Una de ellas es Matsya, la encarnación de Dios como pez; Kurma, en forma de tortuga; Varaha, en forma de jabalí; Narasimha, como mitad hombre, mitad león; Vamana, como enano; y quizás la más común de todas, Rama, la encarnación humana. Rama es el héroe de la épica, Ramayana, sobre la cual se hacen películas muy populares en la India. El otro dios popular es Krishna, la otra encarnación de Vishnu como ser humano. Su épica es la Mahabharata, que describe el descenso de los dioses en formas humanas para salvar a la Diosa Tierra, oprimida por los demonios, agobiada por la superpoblación y en peligro de disolución[1]. Existen diversas variaciones de esta creencia con respecto a la cantidad de encarnaciones que existen y sobre las distintas formas animales que adoptan, pero en general siguen esas manifestaciones. En consecuencia, en el Hinduismo, la fe de una quinta parte de la humanidad, el hombre es Dios o parte de Dios. La diferencia entre el Creador y Su creación es solo superficial.

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Divinizando al hombre (Parte 2)

Los hombres se convierten en Dios
Desde la perspectiva de la humanidad de Jesús, la creencia cristiana de que él es Dios puede ser percibida como la simple elevación de un ser humano a un estatus divino. Sin embargo, existe otro conjunto de creencias entre algunos seguidores del Islam que, al igual que el hinduismo y el budismo, ofrecen a los seres humanos la oportunidad de convertirse en Dios.
El origen de esas creencias pueden encontrarse en el misticismo cuyas raíces se hallan en las antiguas religiones misteriosas griegas. El misticismo se define como una experiencia de unión con Dios y la creencia de que el principal objetivo del hombre en la vida está en buscar esa unión. El filósofo griego Platón propuso este concepto en sus escritos, particularmente en su Simposio. En él describe cómo el alma humana puede ascender espiritualmente hasta que finalmente se reúne con Dios [1]. La base de esta creencia es la enseñanza de que los seres humanos son, de hecho, partes de Dios que han quedado atrapadas en este mundo material. El cuerpo físico que recubre el alma humana. En consecuencia, el alma en su opinión es divina. La parte de Dios que está atrapada en este mundo debe liberarse del mundo material y reunirse con Dios.

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La innata creencia en Dios

La vasta mayoría de los seres humanos siempre han creído en Dios. Desde las civilizaciones más antiguas hasta las sociedades modernas más primitivas, las religiones centradas en Dios han conformado la base de la cultura humana. De hecho, la negación de la existencia de Dios (ateísmo) a lo largo de la historia estuvo limitada a unas cuantas personas hasta el surgimiento del comunismo en el siglo XX. Aún en las sociedades seculares de occidente, en las que los científicos sociales armados con teorías darvinianas sostienen que Dios no es más que una invención del imaginario colectivo humano, la mayoría de los ciudadanos, legos y científicos incluso, se aferran con fuerza a su creencia en Dios.

Por lo tanto, el abrumador acervo arqueológico que apoya la existencia de Dios ha llevado a que algunos antropólogos lleguen a la conclusión de que la creencia en Dios (deísmo) debe ser algo innato y no adquirido. Si bien la gran mayoría de científicos sociales proponen lo contrario, recientes descubrimientos científicos parecen apoyar la opinión minoritaria de que el deísmo es innato. En un artículo titulado “God Spot found in the Brain (Encuentran punto divino en el cerebro)”, el Dr. Vilayanur Ramachandran de la sede San Diego de la Universidad de California afirma que el fenómeno de la creencia religiosa en Dios está conectado físicamente en el cerebro.

Encuentran ‘punto divino’ en el cerebro

Por Steve Connor
Corresponsal Científico

LOS CIENTÍFICOS parecen haber descubierto un “módulo divino” en el cerebro, el cual sería responsable del instinto evolutivo del hombre a creer en la religión.

Un estudio realizado en pacientes epilépticos, quienes son conocidos por tener profundas experiencias espirituales, ha localizado un circuito nervioso en la parte delantera del cerebro, el cual parece tener actividad eléctrica cuando piensan en Dios.
Los científicos también afirman que si bien la investigación y las conclusiones son preliminares, los resultados iniciales sugieren que el fenómeno de la creencia religiosa está “integrado” al cerebro.
Los pacientes epilépticos que sufren ataques en el lóbulo frontal del cerebro sostienen que a menudo experimentan intensos episodios místicos y se obsesionan con la espiritualidad religiosa.
Un equipo de neurólogos de la sede San Diego de la U. de California declararon que la explicación más intrigante es que el ataque provoca una sobre estimulación de los nervios de una parte del cerebro llamada “módulo divino”.
“Quizás existe una maquinaria neurológica dedicada en los lóbulos temporales relacionada con la religión.

 

La misma puede haber evolucionado para imponer el orden y la estabilidad en la sociedad”, declaró el equipo en una conferencia la semana pasada.Los resultados indican que el hecho de que una persona crea o no en una religión o incluso en DIOS puede depender de cuán desarrollada esté esta parte del circuito eléctrico cerebral.

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La creencia en los dioses

No obstante, sigue quedando un aspecto de la creencia en Dios que desafía toda lógica o razón, pero que se ha convertido en la piedra fundamental de la fe. Es la creencia de que Dios se hizo hombre. En ese momento en que la creencia monoteísta original en Dios se degeneró y pasó a tener intermediarios entre los seres humanos y el Ser Supremo ya sea para transmitir conquistas humanas o actuar en nombre de Dios en el mundo, los intermediarios se convirtieron en objetos de adoración. Los intermediarios a menudo fueron concebidos como espíritus aparecidos en todas las manifestaciones de la naturaleza. En consecuencia, los seres humanos de tiempos primitivos han adorado a espíritus del bosque, los ríos, el cielo, la tierra, etc., hasta el día de hoy. En algunas ocasiones adoraban la naturaleza, en otras, adoraban símbolos que representaban la naturaleza. Los sistemas religiosos, que evolucionaron de esos tipos de creencias tendían a estar localizados y permanecer esparcidos entre los distintos pueblos de todo el mundo hasta la actualidad. Tales creencias no convergían en un solo sistema de creencias de impacto internacional, al menos en lo que consta en los registros de la historia humana.

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¿Dios tuvo un hijo?

Si Dios no se hizo Hombre, ¿tuvo Dios un hijo? Puesto que Dios puede hacerlo todo, debería poder tener un hijo. Sin embargo, esa afirmación reduce a Dios al estatus de Su creación. Las criaturas procrean engendrando versiones más pequeñas de sí mismas que luego crecen y reproducen copias de sí mismas, y así sucesivamente. Los perros tienen cachorros, las vacas tienen terneros y los hombres tienen bebés. Por lo tanto, ¿qué tiene Dios – un Dios bebé? Los dioses deben engendrar dioses. Pero para que Dios tenga un hijo, debe existir otro Dios aparte de Él. Dios no puede tener un hijo pues eso Lo igualaría con Su creación.

Todo lo que no es Dios pasa a existir por mandamiento de Dios, no es que Dios se convierte en Su creación o que una parte de Dios se convierte en Su creación. Dios no se convierte en Su creación ni tampoco engendra creación. Dios es Dios, el Creador, y el hombre y el contenido del universo son Su creación. Si bien los humanos no pueden captar el concepto de crear algo a partir de la nada, eso es exactamente lo que Dios hizo y hace. Solo Él crea a partir de la nada, lo cual es uno de los atributos que Lo hacen único y distinto de Su creación. Su acto de creación es totalmente distinto al de los seres humanos.

Esa fue la esencia del mensaje de todos los verdaderos mensajeros y profetas de Dios enviados a la humanidad – Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad – como también de aquellos enviados por el mundo y cuyos nombres son desconocidos para la humanidad – que la paz y las bendiciones de Dios desciendan sobre todos ellos. Hoy día, este mensaje preciso solo puede encontrarse en el Corán; la última escritura revelada por Dios a la humanidad. Este mensaje permanece fuerte y claro sólo en el Corán porque ha permanecido inalterado desde el momento de su revelación, mil cuatrocientos años atrás, hasta el día de hoy.
Dios dice lo siguiente en el Corán a quienes pretenden igualarlo con Su creación, o viceversa:

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