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La naturaleza divina de Cristo

Los cristianos afirman que Jesucristo es Dios eterno, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que hace más de dos mil años decidió encarnarse en un cuerpo mortal y nació de la Virgen María. Sin embargo, como en el caso anterior, se trata de una creencia que no encuentra soporte en las enseñanzas del Mesías tal y como nos las han transmitido los Evangelios.

En efecto, Jesús nunca se arrogó naturaleza divina. No hay para demostrarlo sino que citar las propias palabras de Jesús recogidas en Marcos 10:18: “—¿Por qué me llamas bueno? —respondió Jesús—. Nadie es bueno sino sólo Dios.” ¿Se negaba a que lo llamaran bueno y aceptaría que lo llamaran Dios? Cuando Jesús hablaba de Dios lo llamaba “mi Padre y el Padre tuyo, mi Dios y el Dios tuyo.” Jesús siempre negaba poseer poder alguno, nada, aseguraba, era producto de su propia voluntad, sino de la voluntad suprema que lo había enviado, se menciona en (Juan 5:30): “Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió.” Y en se afirma en (Juan 12:49): “Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo.”. Y: “El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin doblez.” (Juan 7:17-18)

Jesús siempre mantuvo que el Señor es mayor que él: “Ya me han oído decirles: "Me voy, pero vuelvo a ustedes." Si me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que yo” (Juan 14: 28); que él todo lo hacía por complacer al Señor: “…sabrán ustedes que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada” (Juan 8: 28-29); que no venia sino a traer la buena nueva del Reino de Dios: “Mas él les dijo: Es necesario que yo predique también a otras ciudades el evangelio del reino de Dios; pues para eso he sido enviado.” (Lucas 4:43); que solo entra en el reino de los cielos quien cumple la voluntad de Dios: “No todo aquel que me dice: ¡Oh, Señor, Señor! Entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos.” (Mateo 7:21), y que “cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.”1 (Marcos 3:35); que ni él ni el Espíritu Santo conocen la hora final: “Mas en cuanto al día o a la hora nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.” (Marcos 13:32) Y por si fuera poco, podemos comprobar cómo Jesús se describe a sí mismo como un profeta: “No obstante, así hoy como mañana, y pasado mañana, conviene que yo siga mi camino; porque no cabe que un profeta pierda la vida fuera de Jerusalén. ¡Oh Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que a ti son enviados!” (Lucas 13:33-34) Todas estas palabras que la Biblia pone en boca de Jesús nos muestran que, en su relación con Dios, no se consideraba más que cualquier otro ser humano. Él no era el Creador, sino la criatura. Una criatura en nada diferente a Adán. ¿Qué otra conclusión podríamos sacar cuando lo vemos rezarle a Dios, por ejemplo, en Marcos 1:35 y en Lucas 5:16? ¿No es acaso un profeta el que reza a Dios, o es Dios quien se reza a sí mismo? ¿No glorificaba a Dios diciendo “Yo te glorifico, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (Mateo 11:25)?

 

Concluimos, pues, que el dogma de la naturaleza divina de Cristo no se sostiene en las enseñanzas de Jesús tal y como nos las han transmitido los Evangelios. Como los dogmas de la Santísima Trinidad y de la Encarnación, también éste surgió tiempo después de que el Mesías dejara de estar entre nosotros. Una vez más nos encontramos ante una concesión cristiana al paganismo. No olvidemos que numerosos héroes fueron divinizados en la mitología pre cristiana, lo mismo que los hinduistas hicieran con Krishna, los budistas con Buda, los persas con Mitra, los antiguos egipcios con Osiris, los griegos con Baco, los babilonios con Baal y los sirios con Adonis, los cristianos lo hicieron con Jesús.

 

Al negar el dogma de la encarnación, o lo que es lo mismo, de la transmutación de Dios en su criatura, el Islam nos libera de tales supercherías. El Islam defiende con la mayor firmeza que ni Jesús, ni ningún otro ser humano, es ni será nunca Dios. En la Sura 5:75 se afirma que Jesús fue un mensajero de Dios, como tantos otros que leprecedieron, y que “solía comer” en compañía de su madre. Una criatura que come no puede ser Dios, ni Jesús ni Muhammad ni ningún otro profeta; y ello toda vez que comer implica una servidumbre material, y Dios es el Subsistente, de nada ni de nadie depende. Comer implica digerir; y digerir implica actos innobles y en nada acordes a la majestad divina. No debemos olvidar que un gran número de pueblos antiguos, más o menos primitivos, incluso negaban la posibilidad de que un enviado de Dios pudiera ser un mortal común que come y bebe. Recordemos el episodio que nos narra el Corán respecto a lo que dijeron los descreídos de Noé (lo que se interpreta en español): {Y los nobles de su pueblo que no creyeron y desmintieron el Día del Juicio, y a quienes habíamos concedido una vida llena de riquezas, dijeron [a los más débiles]: Éste es un mortal igual que vosotros, come lo que coméis y bebe lo que bebéis, si obedecéis a un humano como vosotros estaréis perdidos} [Corán 23: 33-34]. Tiempo después los beduinos iletrados dijeron del profeta Muhammad (lo que se interpreta en español): {Y dicen: ¿Qué clase de Mensajero es éste? Se alimenta y anda por el mercado [ganándose la vida] igual que nosotros. [Si de verdad es un Mensajero] ¿Por qué no desciende un Ángel y lo secunda en su misión de advertir a los hombres? } [Corán 25: 7]. Quienes divinizan a Jesús no hacen sino llevar esto al extremo, para ellos es Dios mismo quien bajó de las alturas para, transmutado en ser humano, alimentarse de materia. ¡Gloria a Dios en las alturas, tan ajeno a tales desvaríos!

El Corán niega la naturaleza divina de Jesús con las siguientes palabras (que se interpretan en español): {Son incrédulos quienes dicen: Allah es el Mesías hijo de María. El mismo Mesías dijo: ¡Oh, Hijos de Israel! Adorad a Allah, pues Él es mi Señor y el vuestro. A quien atribuya copartícipes a Allah, Él le vedará el Paraíso y su morada será el Infierno. Los inicuos jamás tendrán auxiliadores. Son incrédulos quienes dicen: Allah es parte de una trinidad. No hay más que una sola divinidad. Si no desisten de lo que dicen, un castigo doloroso azotará a quienes [por decir eso] hayan caído en la incredulidad.} [Corán 5: 72-73]

Allah también ha dicho (lo que se interpreta en español): {Por cierto que el ejemplo de Jesús ante Allah es semejante al de Adán, a quien creó de barro y luego le dijo: ¡Sé!, y fue} [Corán 3: 59]. Tampoco Adán tuvo madre ni padre. Jesús fue un profeta de Dios, piadoso, devoto y puro como todo profeta, pero a la postre humano. {Entonces [Jesús] habló: Por cierto que soy el siervo de Allah. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta }[Corán 19: 30]. En Hechos de los Apóstoles 3:13 leemos: “El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús.”

Como fácilmente concluirá el lector, no es pues el Islam el único que sostiene que Jesús no era divino sino humano: también lo hace la Biblia. De hecho, en un programa de la televisión británica titulado Credo, diecinueve de los treinta y un obispos de la Iglesia Anglicana afirmaron que los cristianos no están obligados a creer en la naturaleza divina de Cristo (Daily News de 25 de junio del año 1984).