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Desafíos de las musulmanas trabajadores (Parte 1)

Está firmemente establecido que Al-lah permite a las mujeres musulmanas tomar decisiones respecto a equilibrar sus responsabilidades dentro y fuera de la casa. 

Las mujeres musulmanas eligen trabajar fuera de casa por varios motivos. Algunas lo hacen para complementar los ingresos de sus esposos y así lograr un nivel de vida más alto. Otras desean ahorrar para los estudios escolares o universitarios de sus hijos. Con la excepción de algunas mujeres que tienen tendencia a forjarse una carrera, la mayoría de las mujeres trabaja porque se ven obligadas a hacerlo.
 
Así como las demás mujeres trabajadoras, las mujeres musulmanas primero tienen la responsabilidad de cuidar de sus hogares y familias a la vez que cuidan de sus carreras laborales.
 
Sin embargo; trabajar fuera de casa significa una serie de desafíos para las mujeres musulmanas. Los desafíos existen no sólo porque los creyentes están en un esfuerzo diario por complacer a Al-lah sino también por el hecho de que en las sociedades no islámicas casi todo entra en conflicto con la forma de vida islámica. Las mujeres musulmanas deben estar en constante defensa contra la presión que les exige practicar ciertas costumbres sociales que contradicen la forma de vida del musulmán. Las musulmanas que trabajan pasan por una dura prueba en su fe (Iman). Existen muchos problemas en el ambiente de trabajo actual que hacen muy difícil equilibrar los principios islámicos con las prácticas laborales aquí en Occidente.
 
Este artículo tratará de los desafíos que enfrentan las mujeres trabajadoras musulmanas con relación al uso del Hiyab, con relación a la comunicación en el trabajo y a las obligaciones y requerimientos del Salah, las obligaciones, los requerimientos de la dieta Halal (código alimentario islámico que nos dice qué alimentos es permitido consumir), las relaciones laborales con los no musulmanes, los modales en el trabajo y la ética islámica de negocios.
 
El Hiyab, cubrirse o no cubrirse
 
El Corán y la Sunnah enseñan al musulmán y la musulmana que los hombres y las mujeres son iguales y que no se debe discriminar a alguien por su género, su apariencia, su riqueza o posición social. Enseñan que la única pauta que distingue entre las personas es el comportamiento. También enseñan que las mujeres deben vestirse modestamente y que deben cubrirse con un Hiyab apropiado.
 
El Corán, por ejemplo, establece: {Y diles a las creyentes que recaten sus miradas, se abstengan de cometer obscenidades, no muestren de sus arreglos y adornos más que lo está a simple vista [como el rostro y las manos], cubran sus pechos con sus velos, sólo muestren sus encantos [más allá del rostro y las manos] a sus maridos, sus padres, los padres de sus maridos, sus hijos, los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de sus hermanas, las mujeres, sus esclavas, sus sirvientes que no tengan deseos sexuales, los niños que todavía no sienten atracción por el sexo femenino, y [diles también] que no golpeen con los pies al caminar para que no se escuche el sonido de sus ajorcas [y llamen la atención de los hombres]. Y pedid perdón a Al-lah por vuestros pecados ¡Oh, creyentes!, que así tendréis éxito [en esta vida y en la otra].} [Corán 24:31]
 
Sin embargo; las musulmanas trabajadoras tienen distintas maneras de tratar con el Hiyab. Algunas se avergüenzan completamente de usarlo pensando que de hacerlo surgirá alguna oposición de parte de sus colegas o superiores. Adoptan una postura camaleónica; usan el Hiyab sólo cuando lo consideran “seguro” o cuando están en sus actividades particulares. Usarán el Hiyab, por ejemplo, sólo cuando asisten a la mezquita o cuando realizan el Salah.
Otras hermanas musulmanas usan el Hiyab siempre que salen de sus casas. Lo hacen por fe, para complacer a Al-lah, para mantener su identidad o simplemente porque lo consideran bello. Otras usan el Hiyab para afirmar que su apariencia física no tiene ninguna importancia en su interacción social.
 
Al usar el Hiyab en su trabajo, las mujeres musulmanas son más visibles. Debido a la ignorancia respecto al Hiyab se las considera oprimidas, pasivas y poco inteligentes. Las mujeres que usan Hiyab tienen tendencia a destacar; esto las hace vulnerables a las burlas y la discriminación de muchos. Esto trae graves consecuencias a las musulmanas que tienen aspiraciones a puestos ejecutivos, de administración o de supervisión. También existe la tendencia a desdeñar a las mujeres musulmanas en las promociones y ascensos.
 
 Una mujer musulmana que usa Hiyab explicaba que una musulmana que no usa Hiyab le hacia la vida imposible en su trabajo. Por otro lado; la supervisora que no era musulmana era muy tolerante con ella. La supervisora autorizó que ella pueda poner una puerta en su cubículo para poder realizar el Salah. Así pues; ella y su supervisora eran las únicas en tener una puerta en sus cubículos. También se le autorizó a salir durante dos horas los viernes para asistir al rezo del Yumu’ah (rezo grupal del viernes al mediodía).
 
Las musulmanas trabajadoras tienen distintas maneras de tratar con el Hiyab. Desde que me islamicé hasta hoy ya he recibido la gama completa de gestos de extrañeza y miradas furtivas. Como una profesional con dos títulos universitarios uso el Hiyab, que me cubre el cabello, el cuello y el pecho. También uso un vestido Yilbab que disimula las curvas de mi figura. Hago esto porque creo que mi cuerpo debe mantenerse en privado sólo para la vista de mi esposo. Admito que la forma en que me visto ha cambiado conforme he ganado más conocimiento de mi Din (forma de adoración a Al-lah). Al principio sólo usaba un Hiyab parcial porque temía de cómo se me iba a ver y también por lo que mis colegas pensarían de mí y la forma en que me tratarían; en fin, de cómo el mundo entero me vería. Las mujeres en Occidente aún son mayormente juzgadas por su apariencia física. Las musulmanas, sin embargo, saben que la modestia (Al Haiah) es buena y no trae sino cosas buenas (citado por Muslim).
 
 
Es importante que entendamos que el uso del Hiyab no es una cuestión de gusto personal sino de religión. Es una obligación religiosa que toda mujer creyente debe cumplir. Cómo las mujeres usarán el Hiyab es una cuestión de gusto. Cada musulmán debe hacer lo que le acerque más a Al-lah y le prepare mejor para la Otra vida.